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4 consejos periodísticos de Tom Wolfe tomados del Realismo literario

Realismo: tendencia artística y literaria que consiste en representar fielmente la realidad y crear cierta tensión emocional sin llevar a cabo ninguna idealización.

En la época en que comenzaba el periodismo en las ciudades de Europa también surgió en literatura un movimiento opuesto al Romanticismo. Se llamó Realismo Social o Literario y se trasladó a otras artes, como la pintura. Empezaba también la fotografía. S. XIX.

Interesa eso del Realismo Social porque fue el movimiento en que se fijaron algunos periodistas de Estados Unidos en los 60′, que revolucionaron las formas y que Tom Wolfe bautizó como “Nuevo Periodismo”.

4 consejos de Tom Wolfe para el Nuevo Periodismo

Tom Wolfe, Gay Talese, John Sack, Truman Capote. Releyeron a Henry Fielding, Honoré de Balzac, Charles Dickens, Fedor Dostoievski o Nikolai Gogol para deslizar en sus reportajes los aciertos que reflejaban fielmente la realidad, la época y sus protagonistas. Lo hicieron “a base de instinto más que de teoría”, escribió Wolfe.

¿Y qué ofrecía la novela realista que interesara a esos periodistas? “La inmediatez, la comunicación emotiva y su capacidad para apasionar y absorber”.

Se preguntaron por qué el periodismo no podría tener esas cualidades. ¿Qué periodista, maldita sea, no quiere apasionar, absorber y emocionar, además de reflejar fielmente la realidad?

Tom Wolfe señala que sólo cuatro procedimientos acercan el periodismo a la fuerza de la realidad que plasmaron Balzac, Dickens o Dostoievsky.

1. Construcción escena por escena

El procedimiento fundamental. Así compusimos el reportaje sobre Marcos Ana. Wolfe lo dice así: “contar la historia saltando de una escena a otra y recurriendo lo menos posible a la mera narración histórica”. Este requisito obliga a un nuevo modo de recolección de datos: “proezas a veces extraordinarias para conseguir su material los nuevos periodistas para ser efectivamente testigos de escenas de la vida de otras personas”.

2. Registrar el diálogo completo

La evolución lógica del procedimiento anterior. El diálogo, sin narrador, es una escena en sí misma. Para Tom Wolfe el diálogo realista “capta al lector de forma más completa que cualquier otro procedimiento individual. Al mismo tiempo afirma y sitúa al personaje con mayor rapidez”.

De Dickens se ha dicho que describía todos los pormenores de sus personajes, pero que un buen análisis revelaba cómo había empleado únicamente tres frases a describirlos físicamente. El resto lo conseguía el diálogo.

3. El punto de vista en tercera persona

El objetivo: meter al lector en la piel del personaje y experimentar la realidad emotiva de la escena. Para Wolfe, el punto de vista en primera persona “significa una grave limitación para el periodista, ya que sólo puede meter al lector en la piel de un único personaje (él mismo), un punto de vista que a menudo se revela ajeno a la narración e irritante para el lector”.

Para conseguir penetrar en los pensamientos de otro, la tercera persona, dice Wolfe, es ideal. Y para conseguir esa información no hay más remedio que entrevistar a la persona sobre sus pensamientos y emociones junto con todo lo demás. Cómo logres que te hable de ello se consigue con experiencia.

Sobre el punto de vista en primera persona en periodismo narrativo hay al menos una honrosa excepción a la tesis de Wolfe: Juan José Millás.

4. El estatus

Los gestos cotidianos muestran más del personaje que la descripción. Wolfe registra los hábitos y los modales, la forma de vestir y las costumbres, el comportamiento con los niños, con superiores y con iguales, las miradas, las formas de andar. En suma, los detalles simbólicos que muestran, no dicen, el status de vida de aquella persona.

Reproduzco un párrafo completo que Wolfe incluye sobre cómo Balzac mostraba el estatus de sus personajes en sus obras:

“Balzac acumula detalles tan implacablemente y al mismo tiempo con tanta meticulosidad (difícilmente habrá un detalle que no arroje luz sobre peculiaridades de estatus) que dispara los recuerdos del lector sobre su propio estatus, sus propias ambiciones, inseguridades, deleites, desastres, además de las mil y una humillaciones y golpes que su condición recibe en la vida cotidiana, y los dispara una y otra vez hasta crear una atmósfera rica y absorbente”.

Quizás el secreto sea ese: evocarle al propio lector quién es y quién podría haber sido. Que el relato le concierna, aunque se hable de otro.

Acerca de Javier Rodríguez Godoy (60 artículos)
Humanista y curioso. Puedes seguirlo en Twitter, Facebook y Google+

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