Locos por el teatro

In Reportajes by Javier Rodríguez Godoy0 Comments

La compañía de teatro Brots está formada por personas con y sin trastorno mental. Se creó en 2011 en Barcelona y utilizan las técnicas del Teatro del Oprimido para indagar en sus emociones y contar sus historias. A día de hoy, el teatro es el único modo de expresión entre “locos y cuerdos”. Fuera de los escenarios, la sociedad no está dispuesta a escuchar las historias de superación y los problemas a los que se enfrentan las personas diagnosticadas por un psiquiatra. La discriminación que provoca el estigma es un obstáculo contra el que luchan a diario, además de contra su propia enfermedad. La ficción del teatro es, paradójicamente, la única forma que tienen de representarse a sí mismos.


Una mañana de verano de 1997, Angie Rosales (47 años) hizo un casting de payasa de hospital que le cambiaría la vida y aun a medio millón de enfermos de Barcelona. Pasó la prueba y recibió la formación en el hospital Son Dureta de Mallorca. Cuando terminó, Angie pensó que nada le daba más sentido a su vocación teatral. También se preguntó cómo el humor y la muerte convivían en un mismo espacio. Llegó a casa por la tarde y lloró durante horas con las imágenes calientes de los niños ingresados y el pitido de las máquinas de su primera UCI.

Angie fundó Pallapupas en el 2000 con la idea de que el teatro fuera útil fuera de los escenarios. Pallapupas es una organización de payasos de hospital y teatro social. Actúan con payasos para niños, adultos y ancianos en once hospitales y dos residencias. Con teatro social dirigen las compañías Vínculos (familiares de enfermos mentales), Personalitats (adolescentes con trastorno) y Brots (personas con alguna enfermedad mental. Veinte años después del casting, en Pallapupas trabajan dieciocho actores y seis gestores. Forman a médicos, con la asignatura Nuevas herramientas para el mundo hospitalario en la Facultad de Medicina de la UB, y a enfermeras, con el módulo El entorno humano y terapéutico en la atención de enfermería en la Universidad Ramón Llull.

Angie es una mujer enérgica y vidriosa que contesta a las preguntas con la mirada atónita de los niños. Conserva el recuerdo atravesado de su etapa como payasa, desde 1997 a 2006. Evoca los pormenores del quirófano mezclados con los recuerdos de su infancia: el mar canario de su madre, la muñeca nadadora que le regaló su padre y las lecciones vitales de sus actuaciones en hospitales que revive para enriquecerse. Vio, por ejemplo, cómo ingresaron a una niña con meningitis cuyos padres agradecieron a Angie sus actuaciones cuando salieron del hospital con su hija desmembrada.

Pallapupas trató de trabajar con payasos en enfermos mentales. No funcionó. Se golpearon contra la realidad de la salud mental hasta que lograron la técnica adecuada: el Teatro del Oprimido. En 2008, Pallapupas creó Vínculos. En 2011, creó Brots.

Brots y el Teatro del Oprimido

Los miembros de Brots con trastorno mental encuentran alivio en el teatro. Además, es la única vía de comunicación entre ellos y el resto de la sociedad fuera de los hospitales.

Los diez actores de Brots ensayan cada jueves durante tres horas desde 2011 bajo la dirección de Antonio Masegosa. Antonio Masegosa estudió Arte Dramático en el ESAD de Córdoba. Tiene la mirada atenta de los árabes del desierto y una varaba de beduino que no oculta los rasgos de un hombre feliz. Suele soñar que vuela. “Brots es otro sueño”, dice. Antonio empezó a soñar con el teatro en Castillejar, un pueblo de Granada. Representó su primera obra siendo un niño y en un corral, del que sacó cajas y gallinas para meter a las vecinas.

Antonio viste una camiseta verde y ancha durante un ensayo. Mónica Civill, actriz de Brots, ve riesgos en cualquier ensayo. “Trabajamos con salud mental, con experiencias propias y abres puertas que no sabes dónde te llevarán”, dice Mónica. Es un reto que aceptan todos los miembros de Brots. También Raquel.

En el otoño de 2007, el psiquiatra diagnosticó a Raquel (29 años) depresión severa y trastorno de la personalidad tipo mixto. “Viene a ser depresión crónica y ansiedad”, dice. El diagnóstico le alivió porque encontró respuestas a su sufrimiento. Pero ante los suyos y para siempre se convirtió en el personaje de una mujer trastornada.

Sin embargo, Raquel se representa a sí misma en el teatro. Los actores de Brots conectan con sus propias historias y las cuentan a través del Teatro del Oprimido. El teatro es el único diálogo entre ellos y la sociedad, pero también el único modo de separar su identidad de su diagnóstico. En la ficción eliminan la máscara que el estigma les impone. “Aquí [en Brots] tratamos de desdiagnosticar”, dice Angie Rosales.

A Augusto Boal, creador del Teatro del Oprimido, se le atribuye una frase célebre: “el teatro lo puede hacer cualquier, incluso los actores”. Antonio Masegosa explica que el Teatro del Oprimido es una técnica que creó Boal en Brasil durante los sesenta. Antonio aplica la técnica durante los ensayos con Brots. “Siempre colocamos la vivencia de la persona delante de su diagnóstico”, dice Antonio. “No tiene por qué ser hablada: lo hacemos desde la imagen, el sonido, el ritmo. Luego lo convertimos en metáfora de la realidad”.

Antonio llega al ensayo, ve cómo están los actores y decide cómo enfocar las siguientes tres horas con su experiencia y sobre los bloques del Teatro del Oprimido. Utiliza teatro-imagen, donde el cuerpo es el lenguaje común para expresar problemas. Teatro-foro, con el que se traslada al público el problema del colectivo, por ejemplo, el estigma. Teatro-invisible, desde el que emergen conflictos normalizados. O utiliza el arcoíris del deseo y el concepto de “policía en la cabeza”, que desenmascara opresiones, por ejemplo, los miedos.

Camino a Ítaka

Los miembros de Brots llegaron a la compañía porque encontraron a Pallapupas en los hospitales. Pallapupas actúa en el ingreso de personas con enfermedad mental, en el Hospital de Día y crearon el proyecto Compañías (también en el sentido de acompañar) para los que reciben el alta. Pero no es sencillo llegar al diagnóstico tras el primer brote.

“Puedes escuchar alguna voz o comportarte de manera extraña y te deja tan descolocado como a tu familia”, explica Angie Rosales. La secuencia de sucesos, desde un brote hasta el diagnóstico, no es nítida. Primero el ingreso. Después unas semanas para digerir la medicación y el nuevo estatus. Por último, te derivan a un Hospital de Día, al que van ambulatoriamente, y se reincorporan a su vida como pueden.

Carme Vilar Guerrero actúa en Hospitales de Día para jóvenes con trastorno, dirige las compañías Vínculos y Personalitats y lleva treinta años dedicándose al teatro. Se dio cuenta del potencial de teatro cuando perdió su timidez en los primeros ensayos de su vida.

Carme habla con exactitud y con un ritmo lento. La mañana de un martes de mayo tiene programadas dos actuaciones en Ítaka: uno de chicas con anorexia y otro en la Unidad de Agudos, junto a su compañera Irma. Ítaka es el centro de psiquiatría infanto-juvenil del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona.

Los médicos y enfermeras de Ítaka se visten con batas alegres. Van a juego con los pasillos y las habitaciones. Parece un colegio: hay paredes de colores donde sonríen algunos peces junto a las huellas coralinas de unos perros invisibles sobre el suelo. “Cada año hay más ingresos”, dice el psiquiatra en Ítaka.

Para Bernardo Sánchez, coordinador de Hospitalización y Urgencias de Psiquiatría de Sant Joan de Déu, es vital ver cómo los niños juegan, conviven y ejercitan su abstracción con Pallapupas. En la Unidad de Agudos, la enfermera enumera informa a Carme: “Julia, 14 años, ideación de la muerte. Rick está en el cole y no viene. Juan, 15 años, desinhibición derivada de una encefalitis, síndrome de Klüver-Bucy. Menos mal que tiene buen fondo”, dice sonriendo.

Durante la hora de sesión, los niños se colocan en círculo y se pasan una pelota mientras cuentan hasta diez. La pelota “explota” cuando la tiene Julia. “Julia, te toca expresar dónde te gustaría estar, pero sin decir nada”, dice Carme. Julia dice que se llama Claire. Claire gestualiza y mira alrededor, pero al final se rinde y se explica: “estar con mi padre, pero no me quiero morir: quiero estar con él”. La niña expresa el duelo en el momento en que Andrea, apartada del círculo, arranca a cantar. Canta bien, una canción alegre con un tono triste. Se remanga la sudadera negra sin voluntad, por nervios, y deja a la vista el antebrazo con un racimo de cortes del color de la madera mojada. Carme no se sorprende ni hace una mueca, pero después de la sesión y de informar al psiquiatra cita a Blanca Portillo mientras bebe café: “los actores somos atletas de las emociones”.

La mala prensa

El día que el marinero Luis Alejandro Velasco le contó a García Márquez qué sintió al llegar a tierra después de pasar diez días a la deriva sin comer ni beber dijo: “más que la sed, el hambre y la desesperación, me atormentaba el deseo de contar lo que me había pasado”. Fuera de los hospitales, el teatro es la única vía de comunicación entre “locos y cuerdos”. El estigma es enorme. La prensa y el cine confunden a los enfermos con psicópatas.

Muerta de risa, una actriz de Brots imagina durante un ensayo: “¿A que no dicen que un celíaco ha matado a su mujer?”. Para el doctor Fernando Boatas Enjuanes, psiquiatra coordinador del Hospital Psiquiátrico de Día de Martorell (Barcelona), la comparación con la celiaquía muestra la dimensión de la injusticia sobre los enfermos mentales. Para Boatas, la prensa ha viralizado la idea de que son peligrosos.

“No debe usarse el diagnóstico psiquiátrico para definir a una persona que protagonice un hecho negativo”, dice el Dr. Boatas. “Va siendo hora de asociar el éxito a personas con enfermedades mentales, como por ejemplo que uno de ellos gane el premio nacional de poesía”. Desde el punto de vista psiquiátrico, un diagnóstico no es una condena hacia el fracaso personal, la degradación o la violencia, sino un hecho cotidiano, como el resto de enfermedades.

De acuerdo con la OMS (Organización Mundial de la Salud), una de cada cuatro personas desarrollará a lo largo de la su vida algún tipo de trastorno mental. En cambio, se destina a la salud mental menos del 7% de los presupuestos de salud de los estados, según el informe de Dainius Püras, relator especial de la ONU (Organización de Naciones Unidas). En (marzo, 2017), Püras reconoció el trabajo de la sociedad civil, donde encaja la compañía de teatro Brots, señalando deficiencias de los servicios tradicionales y garantizando los derechos de las personas con trastorno.

Vínculos y etiquetas

Brots se creó para sacar las historias de los hospitales y representarlas. Vínculos, formada por familiares de enfermos mentales y dirigida por Carme, para llevar alegría a la asociación AMMAME (Amigos de Enfermos Mentales, por sus siglas en catalán) de Santa Coloma de Gramanet.

Lola es miembro de Vínculos. Es una mujer jubilada, con la piel tersa y el pelo corto de seda blanca. Su madre murió de Alzheimer. Su hermana también. Es capaz de expresar dos emociones contrarias en una sentencia: “para mí el teatro es como los juegos que no tuve de pequeña”.

En AMMAME se cuentan las historias mudas de los padres descolocados, el desconsuelo de un hijo con ausencias y las miserias sin esperanza de un familiar de alguien con esquizofrenia. Vínculos ensaya una hora y media a la semana: juegan, repasan la obra y olvidan sus vidas lo suficiente para recuperar el aliento. Lola desmenuza la situación de los enfermos: “son personas maravillosas que luchan por sobrevivir. El esfuerzo que hacen para levantarse es diez veces mayor que el nuestro. Y encima tienen que luchar contra el estigma porque la gente no los acepta”.

Tanto Brots como Vínculos cuentan historias reales en la ficción del teatro y utilizan el Teatro del Oprimido para confeccionarlas. La obra que representa Brots en 2017 es Sopars d’Etiqueta (Cenas de Etiqueta). Con la obra anterior, Ella, Brots ganó el premio de Artes Escénicas y Salud Mental José Clusa en 2015 por su trayectoria teatral y el premio Lucha Contra el Estigma de la asociación Obertament en 2014. Representaron Ella alrededor de Cataluña, Euskadi y hasta viajaron a Croacia para contar sus historias.

Ella fue una obra de teatro-foro donde se trasladaba al público la solución al conflicto que sufren las personas con trastorno mental. En cambio, Sopars d’Etiqueta tiene una estructura formal ejecutada en un espacio informal: una habitación del piso de la sede de Pallapupas.

El pequeño piso, integrado en un edificio anodino a una manzana de la Plaza España de Barcelona, se abre a cuatro espacios desde el zaguán. La noche que Brots representa Sopars d’Etiqueta se utilizan dos. La sala de reuniones, con recortes de prensa sobre Pallapupas en las paredes, es un camerino. El olor a laca y los nervios crean una bruma que da un aspecto irreal a los actores antes de la función. En el lado opuesto del zaguán, la habitación rectangular y vacía en la que Brots ensaya, es un cabaret. Dentro, recorre el suelo una alfombra roja de festival de cine desde la puerta hasta el pequeño escenario levantado contra la ventana.

Contra las paredes hay treinta sillas y quince mesitas redondas de cafetería sobre las que cuelgan lámparas rojas de luz tibia con ribetes de filamentos de oro. Una mujer llorará bajo una de las bombillas emocionada con la última escena: Raquel, sincronizada con la música de violines y piano, le vestirá con la chaqueta que lleva la etiqueta de un trastorno. El público habrá visto cómo una antigua prostituta reclama bajo un dosel opresor el tiempo que perdió equilibrando su cabeza mientras se le pasaba la maternidad. Se habrá dolido también con el rechazo de la pareja ante la confesión de una mujer con esquizofrenia. Se habrá reído y lamentado y culpado por la sevicia de no escuchar en la calle lo que está dispuesta a sentir en el teatro.

“El teatro es como sacar nudos y quizás por eso algunos miembros de la compañía no han vuelto a tener un brote”, dice Angie. Para el Dr. Boatas Enjuanes, el teatro permite entender emociones, las propias y las ajenas, facilita el desahogo y conecta con bloqueos y confusiones. El teatro permite “expresar emociones, trabajarlas, resolverlas. Además, ayuda a crear Vínculos y facilita la sociabilidad”, dice el Dr. Boatas.

Unas horas antes de representar Sopars d’Etiqueta, con la bruma de la laca todavía dispersa por el piso, una de las bombillas sobre las mesitas da fogonazos y emite un zumbido eléctrico. “Aquí la realidad parpadea”, se oye. Eugènia, actriz de Brots diagnosticada con esquizofrenia, enrosca la bombilla y el espacio se ilumina con un ámbito propio y un tiempo distinto.

El ambiente onírico y de ficción es el único posible para que las personas con enfermedad mental se expresen representándose a sí mismos. Solo entonces recuerdo lo que Raquel contó acerca de sus noches: “mis sueños son muy reales”.

Sopars d'Etiqueta

Brots Compañía de teatro

Antonio Masegosa

Antonio Masegosa

Lola, Asociació d'Amics de Malalts Mentales

Lola, de la Asociació d’Amics de Malalts Mentales

Antonio Masegosa

Y se hizo la luz.

Y se hizo la luz.

Compañía de teatro Brots

Compañía de teatro Brots

Compañía de teatro Brots

Compañía de teatro Brots

Brots Compañía de teatro

Compañía de teatro Brots

Compañía de teatro Brots

Compañía de teatro Brots

Compañía de teatro Brots

Compañía de teatro Brots

Angie Rosales

Angie Rosales

Síguenos
Join over 3.000 visitors who are receiving our newsletter and learn how to optimize your blog for search engines, find free traffic, and monetize your website.
We hate spam. Your email address will not be sold or shared with anyone else.

Leave a Comment