Dokushô Villalba, maestro zen

In Reportajes, Video by Javier Rodríguez Godoy1 Comment

Dokushô Villalba es el primer maestro zen de España. Dokushô es su nombre de sacerdote budista (se pronuncia “Dokushó”). Su nombre civil es Francisco. Es el abad fundador del Monasterio budista zen Luz Serena, situado en Requena (Valencia). Nació y creció en Utrera (Sevilla), en una familia pobre, aunque su infancia fue feliz. Vivieron siete en una casa de dos piezas. Recuerda cómo sonaban las gotas de la lluvia que caían del techo a los cubos. Esta es su historia.


El 5 de abril de 1987, hacia las 00:00, Dokushô Villalba recibió la Transmisión del Dharma de su segundo maestro, Shuyu Narita, en un templo del norte de Japón. El dharma es el conocimiento práctico que Buda legó para liberarse del sufrimiento. En el budismo zen, el dharma sólo se trasvasa de maestro a discípulo y con un aparato ceremonial solemne. Con 31 años, Dokushô se convirtió en el primer maestro zen español.

El día anterior, Villalba se sometió al Hossen shiki (Dharma-Combate), una ceremonia tensa y solemne en la que 400 japoneses con cara de siberianos enfadados le gritaron fórmulas que él contestó de memoria. Allí, rodeado y en soledad, predispuesto al derrumbe, se dijo: “pero ¿qué hago yo aquí?”.

La atmósfera del Dharma-Combate evocó en Dokushô sus orígenes. Durante unos segundos, la vida le pareció mágica y extraña. Recordó a su abuelo paterno, arriero y más tarde basurero municipal. Recordó a su abuelo materno, campesino y teniente del Ejército Republicano que murió en el frente. También recordó la vida de su abuela, que tantas veces escuchó: que huyó de su pueblo con la hija pequeña en brazos y la madre de Dokushô en su vientre porque los nacionales “limpiaban” a las familias republicanas. Evocó por último a sus padres, jornaleros de la aceituna.

Todos fueron analfabetos, excepto su abuelo materno. Dokushô enseñaba a leer y a escribir a su padre a medida que lo aprendía en el colegio.

Dokushô tuvo su primera novia a los 19 años, cuando inició la carrera de Magisterio en Sevilla. Soñaban con dedicarse a enseñar, comprarse una casita con chimenea en un pueblito y tener hijos. Dokushô se casó con otra mujer, se divorció y tuvo un hijo que hoy vive en Filipinas. Dokushô vive en un monasterio budista. Nada fue como diseñó entonces.

“Esto es inexplicable”, se dijo durante la ceremonia en Japón.

La casa de Dokushô emerge entre el bosque de pinos que envuelve el monasterio Luz Serena, fundado en 1989 cerca de Requena (Valencia). Vive con su pareja, Helena Barquilla. En la estantería de su salón, sobresale el DVD de la serie House of cards, de Netflix. Dokushô disimula un deje andaluz en su acento y mide el ritmo pausado de su tono. Registra las entrevistas con su iPhone: es importante analizar cómo transmite su mensaje.

La jardinería le encanta. También la fotografía. El sonido del rastrillo sobre la gravilla le permite meditar. La fotografía le despierta una mirada contemplativa sobre la naturaleza. Pero no todo es Zen y Dokushô es de Utrera: escucha bulerías de la Fernanda, piezas de Camarón, del Perrate de Utrera y de su hijo Tomás de Perrate, de quien es amigo. Evita el pop en la radio del coche y podría conducir con jazz suave, Mozart o Cecilia Bartoli.

Una vecina de Requena dice que Dokushô tiene buena fama, aunque no le conoce todo el mundo.

—Mi hijo va a meditar allí [el monasterio Luz Serena]. Pero [Dokushô] por aquí no viene vestido con el hábito, sino de normal. Aun le vi en el súper hace poco —dice.

La comunidad del monasterio

El monasterio Luz Serena se construyó sobre una finca rústica de 33 hectáreas. La joven Comunidad Budista Zen Española pagó 3.000.000 de pesetas (unos 18.000 €). Era una asociación espartana, sin apenas recursos, pero cada miembro, en asamblea y a mano alzada, se comprometió a dar lo que pudiera. Reunieron 10.000.000 de pesetas (algo más de 60.000 €).

El monasterio se sostiene con donaciones. Necesitan al menos 10.000 € mensuales para cubrir gastos. Desde que los dos pozos se secaron, cuatro camiones reabastecen de agua el monasterio cada mes.

Cuando lo visité, en el monasterio residía un grupo de ocho personas. Son lo que Dokushô llama “el núcleo duro”. Taishô es parte del núcleo duro, como Manuel, su padre, encargado del mantenimiento, y Daishín Escobar, quien dejó su empresa floreciente en El Salvador para recibir las enseñanzas de Dokushô lo que le reste de vida.

—Meditando se despiertan fieras. Y hay quien se ha roto y se ha rebotado. Hay que aprender a ver lo que no nos gusta de nosotros. Esto es muy intenso —dice Manuel.
—Nunca lo hubiera dicho. “Aquí se respira paz” —me oigo decir.
—Donde hay humanos pasan cosas humanas. Esto está muy idealizado —zanja.

Taishô es quien me lleva de un lado a otro. Saca “el tema catalán” en el coche mientras se fuma un cigarrillo de liar: “lo tengo que dejar”, dice.

—¿Qué consigues meditando? —le pregunto.
—Al principio llegas con la idea de convertirte en mejor persona. Luego ves que la meditación es otra cosa —dice.
—¿Qué?
—No cambias, pero descubres cómo eres y aprendes a aceptarte.

A Dokushô Villaba le gusta la vida en comunidad, aunque esta es la principal fuente de conflictos. Lleva 26 años viviendo en el monasterio de manera discontinua y lo echa de menos cuando viaja.

La marca de la pobreza

El viaje de Dokushô Villalba desde Utrera hasta el norte de Japón era inverosímil para un hombre con su formación.

Francisco estudió preescolar en un colegio de monjas de la orden de María Auxiliadora y, hasta los once años, estudió EGB en un colegio salesiano fundado por Juan Bosco. La situación económica de su familia le marcó. Sus padres trabajaban, pero a veces no les daba el mes: “recuerdo ver a mi madre llorando porque no tenía con qué alimentarnos”, dice Dokushô.

Dokushô Villalba es el mayor de cinco hermanos. Uno de ellos murió en 2014 de un cáncer de pulmón, a los 50 años. Durante sus primeros siete años, Francisco vivió en una casa de dos piezas junto a sus padres, sus dos hermanos, su abuela y su bisabuela. Vivían en una corrala y las camas estaban pegadas unas a otras, de modo que se accedía desde los pies. Siete en la misma habitación. Los baños y las pilas de lavado eran comunales. Las noches de lluvia colocaban palanganas por todas partes. Desde la cama, Dokushô oía el sonido de las gotas sobre ellas. Apuntalaron el tejado con pilones de madera para evitar el derrumbe.

A contracorriente

La figura de Cristo, con el mensaje de caridad y liberación, impresionó a Dokushô Villalba. Trabajó con Acción Católica en los barrios pobres y durante las campañas de Navidad repartiendo regalos. Su primer contacto con el Budismo fue el sufrimiento.

Su contacto directo con la miseria, dentro y fuera de casa, le planteó conflictos. Francisco reconocía estructuras sociales injustas que le acercaron a la HOAC, la Hermandad Obrera de Acción Católica. Por entonces era una organización casi clandestina. Eran cristianos de base, pero con un pensamiento más político en favor de los desfavorecidos.

Dokushô colaboró, sin afiliarse, con el Partido Comunista y la ORT cuando entró a la Universidad de Sevilla para estudiar Magisterio. La extrema derecha tenía fuerza por entonces. Los Guerrilleros de Cristo Rey se paseaban amenazantes por las facultades.

Los dos primeros años de carrera (1975-1976), Dokushô Villalba vendió libros por la universidad. Eran libros de una editorial rompedora: ZYX. Además de editorial, ZYX era también un movimiento político, donde militó Luis Montes Mieza, médico y presidente de la Asociación Derecho a Morir Dignamente. En 2005, Luis Montes y catorce médicos más fueron acusados de homicidio en el Hospital de Leganés. Resultó ser la historia de una infamia.

Francisco Villalba recorría las facultades ofreciendo libros de Marx, Bakunin o Proudhon sobre una mesa portátil. En una ocasión aparecieron los Guerrilleros de Cristo Rey con sus célebres cadenas. Lanzaron cadenazos contra los libros y contra la mesa. Dokushô vivió una época violenta: “Mis compañeros de militancia fueron torturados cruelmente. Aparte de palizas, de bolsas de plástico con agua, lo típico, a las mujeres les apagaban cigarrillos en los pechos”, dice. También recuerda a la policía secreta disparando tiros a los manifestantes.

A Dokushô, la desigualdad social y la política le movieron a la reflexión. Dejó de manejar, por ejemplo, los conceptos de culpa y pecado cristianos.

—¿Qué opina del pecado y de la culpa?
—Que han sido manipulados por una clase sacerdotal dominante con el fin de subyugar las conciencias. Es una estrategia de poder. El ‘quitamanchas’ —dice Dokushô.
—¿El quitamanchas? —pregunto.
—La industria del quitamanchas: te convenzo de que tienes una mancha horrible y que nadie te querrá. Dios no te querrá con esa mancha. Pero yo tengo el agua bendita que la limpia, aunque tienes que pasar por la piedra y por caja. Cuando una persona se convence de que es un pecador y ese peso le destroza, está sometida —concluye.

Los ricos también lloran

La revolución de Francisco iba más allá de conquistar derechos sociales. Aunque no renunciara a conseguirlos, entendió que los ricos también lloran. “El enemigo era el sufrimiento en sí”.

Los maestros budistas cartografiaron minuciosamente las causas del sufrimiento, de acuerdo con Dokushô. Hay un sufrimiento común, sea cual sea la clase social. La causa de ese sufrimiento es la ignorancia del ser humano acerca de sí mismo.

Dokushô desconocía estas ideas durante su época universitaria. Poco antes de los exámenes finales, Dokushó se desorientó. Dudó de la política como herramienta válida para eliminar el sufrimiento. Perdió las ganas de enseñar de otra manera a los niños en la escuela cuando, durante sus dos meses de prácticas, observó la actitud reaccionaria del claustro de profesores y de los padres.

Con 20 años, Dokushô no tenía rumbo. Dudaba de la política y del valor de su profesión. Vestía como los hippies, llevaba el pelo largo y fumaba hachís a diario. Fueron años de crisis profunda.

El rayo y el camino del Dharma

Un monje budista, hijo de españoles exiliados y criado en Francia, dio por entonces una conferencia en la Facultad de Filosofía de Sevilla. Fue el segundo contacto de Dokushô con el Budismo.

Abrieron un centro de meditación en la calle San Jacinto de Triana. La primera meditación dejó a Dokushô un dolor enorme en el cuerpo y magulladuras emocionales. Sentarse en silencio le transformó, como quien vuelve un calcetín.

Poco después, Villalba se mudó. Pasó de un ambiente anárquico a compartir espacio con yoguis vegetarianos. Su vida se ordenó: retomó Magisterio, cambió su modo de vestir y se cortó el pelo.

Su sentido común le decía que se sacara el título. Pero su vocación estaba clara: viajaría a París con lo puesto para ordenarse monje con Taisen Deshimaru. La vocación de Dokushô se despertó tras una experiencia religiosa. Dokushó Villalba y siete practicantes más se retiraron al chalé de un amigo para meditar.

—¿Qué ocurrió?
—Tuve una experiencia muy intensa en la que mi propio sufrimiento me conectó con el de mis padres, el de mis abuelos y se produjo una sensación de dolor ancestral difícil de explicar con palabras —dice Dokushô.

Aquella sensación coincidió con una tormenta eléctrica. Sonaban truenos mientras Dokushô Villalba permanecía sentado en la posición del loto durante horas.

—Me encontraba al borde de la locura —sigue—. En un momento cayó un rayo muy cerca. El estallido tuvo un profundo efecto en mí, como si me rompiera por dentro en mil pedazos.

A esa experiencia de disolución le sobrevino otra de felicidad inquebrantable, que duró unos segundos. Se sintió libre y se vio de otro modo.

Apareció su vocación: “Quiero decirle al mundo que existe esta experiencia de dicha infinita”, pensó. Dokushô no contó esa experiencia hasta diez años después. Por pudor: “tenía miedo de que pensaran que me había flipado”, dice.

“Tú estás loco”

Dokushô asumió que le llamaran loco dos veces antes de ordenarse monje. El primero fue su padre. Francisco Villalba lo llevó a un rincón de la casa. Le dijo que dejaba Magisterio, que se ordenaba monje budista ese mismo año. “Eso qué es”, le dijo su padre. Y luego si era una secta y si estaba loco.

“Para ellos era una tremenda ilusión que uno de sus hijos tuviera al menos una carrera de grado medio como Magisterio. Era la culminación de una aspiración de varias generaciones”, reflexiona Dokushô.

Los padres todavía no entienden a qué se dedica su hijo exactamente, pero “han ido viendo que estaba bien, que era buena persona y terminaron por aceptarlo”, dice Dokushô. La hermana de Francisco le siguió y, tiempo después, se ordenó monja budista. Su hermano, fallecido en 2014, también vivió y meditó unos años en el monasterio Luz Serena.

La segunda vez que le llamaron loco fue en París, a las puertas del dojo del maestro Taisen Deshimaru. Taisen Deshimaru trabajó para Mitsubishi y difundió la práctica del Zen en Europa. Fue un hito para la historia del Zen, que hoy se expande en Occidente y se repliega en Oriente.

Dokushó llegó a París con sueño, una deuda con un amigo y sin conocidos. No tenía credenciales, solo su palabra de que llevaba años meditando. La secretaria de Taisen Deshimaru le pidió que se fuera, pero Dokushô permaneció allí como un español loco y digno. Finalmente, Taisen Deshimaru accedió a ordenarle monje. Era 1978.

La vocación de Dokushô parecía una locura, todavía hoy el Budismo está poco aceptado. “Muchos piensan que somos una secta, que estamos locos”, dice Dokushô.

Taishô, miembro de la comunidad del monasterio, recuerda el verano en que unos jóvenes borrachos estacionaron el coche frente a la entrada y bocinaron de madrugada: “Budistas, calvos de mierda”. Aquella noche ladraron los perros y la comunidad durmió poco.

Cuatro años después de aceptarlo, en 1982, Taisen Deshimaru murió sin transmitir el Dharma. La noticia convulsionó a la comunidad budista porque el linaje Soto Zen no podría perpetuarse en Europa. Tan solo los maestros tienen autoridad para fundar monasterios, crear comunidades y transmitir la enseñanza.

Dokushô viajó a Japón para encontrar un nuevo maestro. Tras varias entrevistas en distintos templos, Dokushô Villalba encontró a Shuyu Narita, discípulo, como Taisen Deshimaru, del maestro Kodo Sawaki. De modo que Dokushô recibió la enseñanza del mismo linaje.

Cinco años después, Dokushô Villalba soportaría las miradas de 400 japoneses en el templo Todenji, en la provincia de Akita, el día antes de ser nombrado maestro budista zen.

Como corrientes oceánicas

La corte de 400 ancianos japoneses con cara de siberianos enfadados puso a prueba a Francisco Villalba durante 20 minutos. Shuyu Narita le había preparado bien, pero fue una ceremonia agotadora.

Dokushô recibió la transmisión del Dharma al día siguiente, a las 00:00. Acotaron el templo con grandes telas para que nadie viera qué sucedía dentro. Shuyu Narita y Dokushô Villalba, maestro y discípulo, estaban a punto de perpetuar el linaje Soto Zen.

—Lo que ocurrió dentro no te lo puedo contar porque es privado. Solamente lo puede conocer mi discípulo, cuando reciba la transmisión del Dharma —dice Dokushô.

Un hombre de Utrera en Japón podría servir de título para una película. A Dokushô le parece inexplicable y recurre a una metáfora: “en la superficie del océano ves cómo se mueve el agua, pero ese movimiento es completamente distinto si profundizas 200 metros”.

Para Dokushô, existen corrientes profundas que no se perciben en la biografía convencional.

En la casa del maestro hay un gato que busca el regazo de los visitantes y que podría explicar el porqué de todo: “Es el que mejor vive de aquí. De hecho, todo esto [el monasterio] es una mega estructura para mantener al gato. Yo soy el mayordomo principal”, bromea Dokushô.

En plena marea, Dokushô Villalba espera concluir lo que empezó antes de llegar a alguna orilla: “Una vez que se entra en el linaje de los budas es una gran responsabilidad transmitir esta enseñanza a las futuras generaciones. Me gustaría poder morir en paz sintiendo que, de alguna manera, ese Dharma y esa enseñanza van a continuar después de mí”.

  • La práctica diaria en el Monasterio Luz Serena (.pdf)
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Comments

  1. Estoy interesada en la meditación y el Bidismo hace muchos años, tengo un grupo de Facebook de meditación y médito desde hace años, pero me gustaría saber más del tema y las enseñanzas, hay poca o nada información por ahí, como puedo estar más en contacto con vosotros y recibir enseñanzas? Se puede visitar el monasterio y quedarse allí unos días?

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