El periodismo contra Tom Wolfe

In Periodismo by Javier Rodríguez Godoy0 Comments

Tom-Wolfe

Tom Wolfe es un maestro del periodismo. Influyó, a pesar de los puristas y junto con Gay Talese o Truman Capote, en la deriva del oficio a partir de los años 60 en EE.UU. Con el tiempo, a esos métodos, juegos, ejercicios y sorpresas que incluyeron Wolf y otros en sus reportajes se le llamó Nuevo Periodismo o Periodismo narrativo.

Aquel periodismo de Wolfe incluía unos diálogo íntimos desacostumbrados, escenas de personajes reales que parecían inventados, un uso incorrecto de los signos de puntuación. En suma, una composición literaria que le sonaba tan mal a la prensa de entonces como el jazz inicial a los seguidores de Bach.

Fue una ruptura.

Tom Wolfe inició un reportaje con unas chicas gritando a todos los hombres que pasaban por Greenwich Village: «—¡Hai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ai-ryyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy—»

Duplicó el grito unas líneas después.

Era periodismo experimental. Se echaron sobre el trabajo de Wolfe periodistas con aspiraciones a novelistas. Pero después de todo, el espíritu irreverente de Wolfe encontró alivio en ese perfil memorable de Talese, Sinatra está resfriado, y en un artículo de la revista Esquire de otoño del 62: Joe Louis, el Rey hecho Hombre de Edad Madura. “¿Qué es esto, en nombre de Cristo?”, dijo Wolfe.

Aquellos artículos tenían el tono de un relato breve.Incorporaban escenas íntimas, diálogos, olores. Una transgresión total de las normas periodísticas de entonces. La gente, sin embargo, lo leía sin aburrirse.

El bueno de Tom buceó en esa dirección. Encontró una voz propia, un estilo y un enfoque. Lo hizo practicando y divirtiéndose, según relata en “El juego del reportaje”, dentro de su libro El nuevo periodismo. Pero también sufrió, aunque lo diga menos: incomprensión y abandonos.

El Periodismo contra Tom Wolfe

“El periodismo no es literatura”, dijeron. Claro que no lo es. Tampoco querían que lo fuera, excepto Capote, que sentenció que había creado un nuevo género literario.

El Columbia Journalism Review y el The New York Review of Books insisiteron en una lista de errores sobre un artículo de Wolfe que critiba al The New yorker.

… ofrecían listas de errores, listas maravillosas, tan misteriosas y desconcertantes como la factura de una operación de cirugía estética, a través de las cuales concluían que ahí estaba ese abominable género nuevo, esa “forma bastarda”, ese “Paraperiodismo”, una condecoración que no sólo me colgaron a mí y a New York y a todos sus trabajos, sino también a Breslin, Talese, Dick Schaap y, por lo que ellos imaginaban, Esquire. […] Mi artículo sobre The New Yorker no era siquiera una ejemplo del nuevo género; no usaba ni ténicas de reportaje ni técnicas literarias; bajo unas cuantas gotas de sangre al estilo Police Gazette, no era más que una crítica tradicional, un alfilerazo, un ataque, un “ensayo” de la vieja escuela. Poco o nada tenía que ver con lo que yo había escrito antes. Y desde luego no tenía nada que ver con la obra de ningún escritor. Aun así, creo que el furor de aquellos periodistas y literatos era sincero. Creo que tras considerar el trabajo que una docena de escritores o así, Breslin, Talese, y yo mismo entre ellos, estaban haciendo para New York y Esquire, se sentían confundidos, ofuscados… Esto no puede estar bien… Esa gente hacía trampas, adornaba las cosas, inventaba el diálogo… Dios mío, tal vez habían inventado escenas enteras, los mentirosos sin escrúpulos.

No era literatura, pero ¿por qué no copiar los recursos que miles de escritores habían pulido durante siglos para llegar a comunicar emociones, sensaciones, mensajes y conflictos personales? ¿Por qué no?

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