Hay partida

In Blog by Javier Rodríguez Godoy0 Comments

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Vamos a arriesgar con nuestro tercer reportaje: El gran golpe. Mostraremos la vida de Daniel Rojo, antiguo gángster de Barcelona, con los datos precisos y contrastados, pero lo contaremos de un modo experimental. No lo hacemos por gusto: pensamos que es la única manera de contar bien esta historia.

¿Y cuál es ese “modo de contar”? Un monólogo, al modo de Cinco horas con Mario. En nuestro reportaje el narrador es el propio personaje. Reproducimos sus estructuras gramaticales porque es una forma de pensar.

Es arriesgado, porque montaremos un discurso ficticio, en el sentido que no lo ha pronunciado nunca en ese orden, con escenas reales de su vida pasada y presente. Pero no inventamos nada. También es arriesgado porque todo lo que podríamos explicar en un reportaje al uso en tercera persona, en primera persona se da por hecho: uno mismo no se explica lo que ya sabe a no ser que se lo pregunten.

Nos cuesta explicarnos cuando tenemos prisa, pero os mostraremos un ejemplo. Donde veríais “Daniel Rojo fue politoxicómano y pasó 14 años en la cárcel. Ahora tiene mellizos”, veréis un: “Quitarse de las drogas en la cárcel no es nada fácil. Entonces no imaginaba que tendría dos niños, una mujer, seis libros publicados. Como digo muchas veces, sólo el que baja a los infiernos saber luego qué es la felicidad, ¿mentiendes?”

¿Por qué lo contaréis así? Pues porque es la única vía que encontramos para que el reportaje sea lo más fiel al personaje posible. Lo más determinante ha sido el lenguaje: Daniel Rojo se expresa de una forma tan singular, utiliza un tono y unas palabras tan suyas, tan del argot de su antiguo mundo, que dice más de él que cualquier descripción que intentemos.

Daniel Rojo gesticula, aspaventea (?), repite palabras, se emociona, se altera y se calma. Pero no es lo mismo “decirlo” que “mostrarlo”. Por eso vamos a arriesgar: seremos precisos, honestos y creemos que pasamos el tiempo suficiente como para deslizarnos en su mente con sus propias palabras, pero, aunque no queremos, podríamos equivocarnos.

No vamos a describir una sucesión de hechos. Vamos a ser Dani el Rojo porque lo vamos a oír, aparte de en los vídeos, en el texto.

Le hemos dado cien vueltas y pensamos que esta es la forma más justa y precisa de acercarnos al personaje.

Hay partida. Y vamos a jugarla:

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