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Souliko: historia de una canción para Marcos Ana

In Blog by Javier Rodríguez Godoy0 Comments

Souliko es el nombre de la canción que elegimos para el vídeo de Marcos Ana, interpretada por The Red Army Choir. Miento, es más que eso, pero antes de contároslo y aún a riesgo de que se me olvide quiero decir unas palabras sobre su origen.

სულიკო. Es todo lo que tengo que decir.

No, es broma. Quiero decir más.

Digamos que en georgiano souliko quiere decir alma. Hoy decir “alma” para una canción es lo mismo que decir “corazón” o “estrellas” o “el amor de mi vida” o “cielo azul”, es decir, que no significa nada para la mente atormentada por la publicidad musical de nuestro mundo. Pero en otro mundo si lo dijo y le llegó un concepto tan lumínico como “alma” a un hombre de tantas tinieblas como Stalin.

De Los Soprano me quedé con la idea de que lo psicópatas vuelcan en los animales su empatía y el cariño acorralado sobre el dedo del gatillo. Toni Soprano los vuelca sobre los patos que terminan, en el ejercicio migratorio, en su piscina de gángster. A los patos les habla como las señoras bien envejecidas a sus geranios rojos: con susurros, entre arrumacos. Y Stalin debió de susurrar entre arrumacos y a la orilla de algún recuerdo algunas palabras dulces sobre el fondo coral de un poema como Souliko. Claro que cuando terminaban los susurros, como si le cogieran de improviso jugando a la casa de muñecas siendo tan mayor y tan Stalin, podría ordenar un tajo volcánico sobre el vientre de cien labriegos que hubieran asado patos aquella misma semana.

Y sin embargo, Stalin no era el Comunismo, aunque Milton Friedman haya sido el Neoliberalismo.

Recordé que vivir para los demás era la mejor manera de vivir para uno mismo. Que había que distinguir entre las ideas y sus instrumentos, que son los hombres, porque las ideas se mantienen puras y los hombres se corrompen. Y pensé que Marcos Ana tenía razón en aquellas reflexiones y que una canción o un poema no podían corromperse. Y que si cantaban a coro un grupo de hombres era como si todos los esclavos clamaran contra el emperador de Roma que todos eran Espartaco, dándolo todo con tan poca cosa. Y así vino Souliko a la cabeza: con un rumor de galope de caballo acercándose, tocotró, tocotró, cada vez más vibrante, con algún miedo por apartarse del camino de aquellas criaturas a tiempo, tocotró-tocotró-tocotró, alcanzando a saber que el suelo seguiría temblando hasta que abriera los ojos. Así se posó la canción sobre el guión del vídeo de Marcos Ana: dulcemente, como cae el polvo de la tierra que ha levantado una horda reciente de caballos combatientes.

Y Souliko, en la versión coral de The Red Army Choice, tenía derechos. Y se pidieron. Y se prestaron. Y esa es otra historia pero que, vaya, podría empezarla aquí mismo porque se me ha olvidado contaros por qué Souliko era más que una canción para nosotros.

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