Gay Talese

La credibilidad de Gay Talese y el debate sobre periodismo en EE.UU.

In Blog, Libros by Javier Rodríguez Godoy0 Comments

Gay Talese

Gay Talese ha escrito un libro periodístico que se ha convertido, en el transcurso de una declaración, en una obra de ficción.

Gay Talese es un horizonte al que señalar en materia periodística. Es una referencia aún mayor cuando se invoca el periodismo narrativo, una disciplina difícil de encajar en un molde. Incluso hoy día: la noticia de la que parto para escribir esta entrada da por sentado que el periodismo narrativo es, fundamentalmente, una mentira hábil y aderezada. Y los periodistas que se entregan a ello son “ilusionistas de la pluma”. Un fraude. Yo no diría eso: los detalles íntimos que intentamos reflejar en vidasajenas.es, a un nivel muy inferior que el de Talese, son el resultado de la paciencia y la constancia. O sea, del tiempo que pasamos con el protagonista.

Pero ese es otro debate.

Talese escribió alguno de los perfiles periodísticos más memorables del oficio, como el que tituló Frank Sinatra está resfriado. La publicación de ese trabajo supuso una convulsión y mucho debate en el sector.

Conviene que señale que de Talese he leído únicamente Retratos y encuentros, uno de los libros de periodismo narrativo que regalaría a un entusiasta del oficio. Quiero decir que no soy un experto en su trabajo, ni mucho menos, pero sí un lector suficiente para admirarlo.

El nuevo libro de Gay Talese se titula El motel del voyeur. Es la historia de un pobre hombre que espió a los huéspedes de su hotel durante 30 años. Se llama Gerald Foos, su motel está en Colorado, escribió un diario con todas las perversiones que cometió detrás de la mirilla y ha confesado que se ha inventado buena parte de la historia.

The New Yorker

The New Yorker

Lo primero que dijo Talese a los micrófonos fue que no promocionaría su libro porque compromete a su credibilidad como periodista. Luego se ha desdicho. Antes de eso, Talese había escrito un perfil sobre el tal Gerald Foos en The New Yorker. No es cualquier cosa.

Talese había guardado esta historia durante 36 años: en los 80, el periodista acompañó a su protagonista a observar algunas de sus escenas y concurrió en un delito de espionaje. Esperó a que prescribiera. El libro se publicará el 12 de julio.

Pero el relato es mentira. Al parecer Gerald Foos vendió el motel antes de escribir las escenas que “vio” en la década de los ’80. Se lo inventaba. Lo señaló The Washington Post. Un periódico buceando en la credibilidad de las fuentes del reportaje de un periodista ajeno es una rareza, al menos en España. En EE.UU. se hizo: fact-check.

Talese reconoció que Gerald Foos es deshonesto y que se equivocó al creerle. Pero en la red lo dudan: no lo dijo a propósito porque el libro sería un éxito de ventas. “Que la verdad no te quite un buen reportaje”. La autora del artículo de eldiario.es se posiciona contra Talese.

Sorprende que The New Yorker no comprobara las fuentes de Talese. El argumento es que el periodista es un símbolo del oficio del que no se cuestiona su credibilidad.

Talese no ha renunciado a promocionar su nuevo libro. Creo que ahora venderá más. Pero también creo que no puede estar en la estantería de no ficción. Al periodista le ha salido una obra de la imaginación, aunque el autor de la ficción sea su fuente.

Me parece un debate sano para el oficio. El ruido que ha generado la metedura de pata de Talese quiere decir, para mí, lo en serio que se toman el rigor periodísticos en otros países.

De Gay Talese no tengo opinión, solo sus obras.

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