Marcos Ana, 23 años en las cárceles de Franco

In Reportajes, Video by Javier Rodríguez Godoy11 Comments

Marcos Ana pasó 23 años en las cárceles, de 1939 a 1962, por pertenecer a las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas). Sus poemas le valieron la amistad con Alberti, Neruda y Miguel Hernández. El régimen de Franco le acusó de tres asesinatos. Al salir, con 42 años, tenía las ideas de un hombre comprometido con la solidaridad y el comportamiento de un niño. Tuvo que volver a empezar. Esta es su historia.


La seis de la mañana era la hora en que se fusilaba a los presos en España. De lunes a sábado, un oficial gritaba los nombres de los condenados de madrugada, se los llevaban entre sollozos y silencios a una capilla de soledades y al cabo de una hora los metían en un camión para fusilarlos a las seis de la mañana. Los domingos se respetaba el día del Señor: no había fusilamientos. Los presos llamaban “sacas” a este ritual macabro y sistemático.

Marcos Ana (Alconada, Salamanca, 1920) pasó 23 años en las cárceles franquistas y vivió las sacas con la misma ansiedad que sus compañeros. Entró en mayo de 1939 con diecinueve años acusado de adhesión a la rebelión por su pertenencia a las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) durante la Guerra Civil y salió en noviembre de 1961 con cuarenta y dos. Durante ese periodo le condenaron dos veces a muerte: acusado de tres asesinatos la primera; la segunda, por la autoría de un periódico comunista en la prisión. Ambas se las conmutaron por treinta años de cárcel cada una. “¡Me han condenado sesenta años!”, gritaba feliz.

Hoy Marcos Ana tiene 95 años y vive en Madrid. Cada mañana su hijo “Marquitos” le sugiere que haga una hora de bici estática. La bici está en el salón, junto al tenderete de ropa para secar, y es lo primero que se ve al entrar en su casa. Es un espacio humilde con aire de templo, excepto por la bici. Marcos hace vida en el salón, que ocupa la mayor parte de la casa. Abre la puerta principal, alta y verde, y señala al sofá. El sofá azul, de dos plazas, exhibe una bandera republicana extendida con cariño sobre el respaldo. Frente al sofá, la pared más larga de la estancia está ocupada por una gran estantería llena de libros, fotos y recuerdos. Del mueble sale un apéndice a modo de escritorio. Está desordenado, repleto de notas adhesivas amarillas. El único punto armónico es el ordenador que Marcos maneja con cierta soltura. Algunas mañanas Marcos se asoma al ventanal, frente a la puerta principal, para tomarle el pulso a la vida. Un pequeño estante de cuatro caras situado entre el sofá y el escritorio muestra una gran foto original del Che, la de Miguel Hernández a su lado, y una placa detrás de las dos fotografías en la que se intuye un relegado “Av. de la República”.

Marcos camina hacia el ordenador. Da pasos seguros, sin arrastrar los pies porque no es un hombre abatido. Se sienta frente al documento Word que estaba trabajando:

—Bueno, sentaos. Ya me había olvidado de vosotros. Tengo memoria para las cosas de hace muchos años, pero para las de un día para otro ya me falla. ¿Cómo se cierra esto? —dice Marcos.
—Ya le ayudo. ¿Dónde quiere guardarlo?
—En… ¿cómo se llama esa pantalla que…? —pregunta Marcos.
—¿El escritorio?
—Sí, eso. Bueno, tampoco importa mucho: era una carta a los presos de Bolivia y llevaba la primera frase.

En casa de Marcos Ana se escuchan historias como en las acampadas frente a la hoguera. Desgrana con precisión robótica sus años de cárcel y su posterior gira mundial en favor de la amnistía por los presos políticos de España. A ello dedicó toda su vida en libertad.

En 1939, un oficial de la cárcel de Porlier (Madrid) conocido como “el Zapatones” se deleitaba en las sacas pronunciando el nombre y guardando un sádico silencio antes de decir el apellido. El Zapatones, fumando, creaba una espera angustiosa entre los presos. A Marcos Ana le llamaron para “sacarlo” en 1942. Lo hicieron por su nombre real, Sebastián Fernando Macarro Castillo, pero se equivocaron: no le tocaba a él, aunque no lo supo hasta pasadas las cinco de la madrugada.

Fernando Macarro se puso el nombre de su padre, Marcos, y el de su madre, Ana, para llevarlos siempre consigo. Así firma sus libros de poemas, sus memorias, y por ese nombre le conocieron el Che, Fidel Castro, Pablo Neruda, Rafael Alberti, Salvador Allende y hasta la Reina Madre Elisabeth de Bélgica, que apoyó la campaña de amnistía por los presos políticos de España en los sesenta.

Marcos reconoció el cuerpo de su padre por sus botas en 1937. Lo encontró huyendo a casa desde un cine cuando comenzaron a caer las bombas. Al principio sólo fue un cuerpo, pero con una linterna vio la cabeza de su padre destrozada por la metralla. La madre nunca se quitó la pena de haber mandado a su marido a por un recado aquella maldita tarde.

Tampoco la de no abrazar a su hijo en libertad. Ana lo vio tiempo después en la cárcel una mañana en que acababan de torturarle, todavía con la sangre fresca y con las manos esposadas a la espalda. “Descubrí a mi pobre madre arrebujada en su toquilla oscura, con su eterno pañuelo negro sobre la cabeza. Estaba esperando para entregarme un pequeño paquete de comida”, recuerda Marcos. “Al ver lo que hicieron conmigo, echó a correr y de rodillas se abrazó a las piernas de uno de los policías llorando: ‘Por favor, por favor, tengan piedad, están matando a mi hijo, me lo están matando’. Con los pies la empujaron y se la quitaron de encima y allí quedó llorando, tirada en el suelo. Esa escena, que no olvidé nunca, fue más cruel y más insufrible que todos los martirios”.

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Colaboración con el PCE

Durante los 23 años de presidio, Marcos Ana siguió colaborando en clandestinidad con el Partido Comunista. Organizaban tertulias, formaban a otros reos, redactaban panfletos (uno le costó una pena de muerte) o escondían libros prohibidos en el interior de otros, como el Canto General de Neruda, con el que salió de la cárcel Marcos aquella tarde de noviembre de 1961, “virgen y mártir”, como recuerda entre sonrisas.

En una ocasión, Marcos Ana se suicidó por la causa comunista. Escribió un documento comprometido para el exterior. Le pilló por sorpresa un castigo, frecuente, y olvidó el papel en la celda. Para recuperarlo antes de que lo vieran los oficiales, Marcos trató de fingir un suicidio arrancándose a mordiscos lo que pudo del interior del brazo izquierdo. La vena le resbalaba en los dientes, pero con un imperdible que sujetaba el bolsillo de su chaqueta se hizo una orgullosa carnicería. Le llevaron a la enfermería, desde donde pudo avisar a un compañero para recoger aquel papel.
Mientras Marcos Ana revive su historia, el timbre de su casa suena regularmente y él se levanta a abrir. Es su editor. El pestillo de su puerta tiene truco, de manera que sólo sabe abrirlo él.

La gente viene a escucharle, a entrevistarle, a pedirle consejo. La casa es de Teodulfo Lagunero, “un millonario comunista”, dice Marcos. Fue Lagunero, con quien mantiene una larga amistad, quien ayudó a Santiago Carrillo a entrar en España clandestinamente en un Mercedes y con una peluca. El dueño del bar de abajo de su casa conoce a Marcos desde que llegó de París, semanas antes del 9 de abril de 1977, cuando se legalizó el Partido Comunista de España. “Es una persona maravillosa”, dice, “y todos en el barrio le conocen. Y siendo el barrio de Salamanca es algo que… Baja aquí a desayunar y a leer el periódico y muchos días viene a comer. A veces se lo sube para casa. Un platito, porque no come mucho, el hombre. Que Dios le dé salud”.

Marcos fue miembro del Consejo Mundial de la Paz, como Neruda. Se veían con frecuencia. La vida de Marcos Ana después de la cárcel fue vertiginosa: gira por Europa y Latinoamérica contando su historia terrible, trabajando por el fin de la Dictadura en España. En el campo de concentración de Auschwitz con Neruda, Marcos rompió a llorar. “Marcos, es increíble que a un hombre que ha sufrido lo que tú todavía le queden lágrimas”, le dijo Neruda. Todavía se emociona, aunque el editor pone cara de haberlo escuchado cien veces. Marcos se echa la mano a los ojos cuando habla de la dignidad de los presos comunistas.

—¿Pero qué es la dignidad?
—La dignidad es ser fiel a ti mismo. Y si eres un hombre con ideas, ser fiel a esas ideas. En la gente militante era lo más importante, porque tenían que enfrentarla con la represión a diario.
—Contra el hambre, por ejemplo.
—Sí, recuerdo un día en la celda esperando la hora de la comida, ensalivando, y escuché el sonido de las gavetas. Pensaba: “coño, si tuviera suerte y me cayeran unos trozos de tocino.” Porque era sólo caldo. Y me caen no un trozo de tocino, ¡sino dos! Y fíjate, feliz, ¿no? Pero un preso, sin levantar la cabeza, me dijo: “hay huelga de hambre en el patio general”. Volqué los dos trozos de tocino a la cazuela. “Pero hombre, ¿cómo hace usted eso?”, me preguntó otro preso. “Porque somos una misma familia”, le dije.

Otros no aguantaron el hambre. Hubo quien se comió la hierba del patio de las cárceles y quien, en el extremo de la desesperación, vomitaba lo poco que había ingerido para volvérselo a comer. Así creaba la sensación comer dos veces.

Marcos Ana señala un póster colgado cerca del sofá. Es el cartel del homenaje que le hicieron en el Estadium Luna Park de Buenos Aires en 1962. Fueron más de 60.000 personas. El ministerio de Turismo, dirigido por Manuel Fraga, presidente de honor del Partido Popular español, envió una circular a todas las embajadas: “Marcos Ana, asesino”. En el discurso inaugural de Marcos en Luna Park, “le di las gracias a Fraga por la perversa contribución al acto”, dice, “porque aquello dio más ganas a la gente de saber quién era”.

Cincuenta años después de la salida de Marcos Ana de la prisión, la derecha española continúa su campaña de desprestigio. El semanario Alba publicó en 2010 un reportaje sobre los asesinatos imputados a Fernando Macarro Castillo. Apelaron a la causa 120.967, caja 3718/5 del Archivo Histórico de Defensa de España donde se encuentra el expediente de Marcos Ana. Allí se conserva el periódico Juventud que escribieron con primorosa dedicación los miembros de la JSU del penal de Porlier en 1943 y por el que condenaron a Marcos a muerte por segunda vez. En la causa aparecen los argumentos de la Guardia Civil que probarían esos asesinatos y a los que el semanario da valor. No se dice que otros dirigentes de las JSU pagaron por esos mismos crímenes, práctica habitual durante el Franquismo. Ninguno de los testigos de los tres asesinatos presenció ni identificó a Marcos Ana, según el expediente. Lo más que se atrevió a pedir el abogado de oficio de Marcos Ana fue clemencia, en un juicio sin ninguna garantía.

Marcos Ana recorre hoy su casa como recorre los espacios de su memoria. “Tengo que decirle a mi hijo que me ayude, soy muy desordenado”. Detrás de unos libros muestra la medalla del Premio de Bellas Artes. Se la entregó el Rey a un republicano. “Ya”, sonríe: Juan Carlos es “una criatura de Franco”, según reconoce Marcos. Sonríe sin rencor, ni odia ni exige venganza. Su venganza es ver el mundo que ayudó a construir.

Le torturaron. La Guardia Civil pintaba las paredes de amarillo en la Dirección General de Seguridad, en la Plaza del Sol, y las salpicaban con sangre “para madurarnos”. “Ir con odio es como ir con un pedrusco en el bolsillo”, dice Marcos. “Yo no lo quiero”.

Desde la cárcel Marcos fue hilvanando sueños en soledad: abrazar a su propio hijo, ver la línea del horizonte, salir al campo. Hacia el final de su cautiverio escribió un poema que dio la vuelta al mundo. En él refleja cómo se diluye la realidad tras tanta losa y no recuerda ni la geometría de un árbol.

“Yo estaba acostumbrado a espacios cortos y verticales, de manera que cuando salí de la cárcel lo peor fue adaptarme a la libertad”. Marcos Ana vomitaba en espacios abiertos porque el nervio óptico no toleraba la imagen, como cuando te pones unas gafas ajenas. Para bromear, cuando le preguntan a qué le costó adaptarse más suele responder que “los coches y las mujeres, que son los que tenían las curvas más cambiadas”. Durante un homenaje en Bruselas, una mujer le dijo que tuviera cuidado, porque son las dos cosas que le podían atropellar. “Y era verdad”, dice Marcos.

A los tres años de su salida de prisión Marcos Ana ya era un padre de familia con mujer y tres niños. Su compañera era Vida Sender. En 1963 era secretaria de la Delegación de Cuba en la Unesco. Vida tenía dos hijos pequeños y con Marcos tuvo el tercero. Hasta que conoció a su mujer, la vergüenza de Marcos Ana con las mujeres era casi enfermiza. No sabía cómo comportarse, qué decir, qué hacer. Superó los complejos, pasó de la adolescencia a la madurez sin pasar por la juventud como quien salta un charco, con un golpe al caer y un impulso hacia delante. Vida y Marcos se separaron, pero mantienen buena relación. Ella viene con regularidad desde París a verle a él y a su hijo. Estas Navidades estarán juntos en Madrid. Bromea: “A veces digo que Marquitos es lo mejor que me ha dado la Vida”.

—Bueno, ¿qué hacemos? —dice Marcos desde la silla del ordenador.
—Ver algunas fotografías con usted.
—Ah, pues a ver si puedo encontrarlas aquí. No, en esta carpeta no. Bueno, es que con el ordenador se aclara mi hijo.
—Podemos volver otro día…
—A ver: ¡Marcos! ¿Sabes dónde están las fotos? —le dice a su hijo. Como su hijo no sabe: —Pues pensé que las tenía.
—Podemos mirar las de su libro.
—Ah, es verdad. No me acordaba, acércamelo.

Repasa con el dedo los carteles de homenajes por el mundo, sus abrazos con Neruda, con Allende. Visita los recuerdos del CISE, el Centro de Información Solidaridad con España que presidió Picasso y fundó Marcos. Toda su vida está dedicada a la solidaridad. “Yo por lo menos he tenido una recompensa”, señala, “he sido admirado, he viajado por el mundo, recibí el cariño de la gente… Pero cuando me hacen esos homenajes yo siempre pienso en los compañeros que sufrieron lo que yo, pero no tuvieron recompensa. A esos les llamo los ‘héroes oscuros‘”.

“Hay que escuchar a la juventud”, suelta. “Ellos tienen la respuesta de su tiempo”.

—¿Usted fue del 15M?
—Claro, hay que estar con ellos. Cuando la juventud se conciencia siempre es hermoso. El 15M fue un respiro en medio de la tormenta. En la juventud hemos sembrado nuestra historia. Ellos son el futuro. Es decir, el futuro va a ser así. Recuerdo una frase de cuando les desalojaron: “No nos vamos, nos trasladamos a tu conciencia” —dice Marcos.
—Usted se mantiene joven
—Ahora me voy a comprar un Mac, ¡2.000€ cuesta! Como el de mi hijo. Lo hago para motivarme.
—¿Sigue escribiendo poesía?
—A veces, cuando me enamoro —ríe.

Documentos y libros

El reportaje ganó el accésit del Premio de Periodismo Narrativo de infoLibre. El contenido se publicó en la revista de marzo de TintaLibre.

Comments

  1. Leyendo lo que se comenta parece evidente que el tipo estuvo implicado en los hechos aunque no fuera (no queda confirmado) el autor de los disparos. Sería suficiente. Reconocer esa participación solo significa eso, que el tipo se manchó bien de sangre en esos momentos como todos los exaltados fundamentalistas del momento de ambos bandos. Eso era ese señor en esa época. La gente luego cambia y renuncia a la violencia (casos Fraga, Ridruejo, Carrillo, …) y eso es lo positivo pero no podemos negar los hechos pasados.

  2. En primer lugar enhorabuena por el artículo. Me he leído los documentos que adjuntais y quisiera compartir varias conclusiones:

    1- En la sentencia de 1943 en que se le condena a muerte ( en otras partes he leído que se le condena en 1941 por primera vez ¿ Cómo es esto) se ve como le aplican un delito continuado en el tiempo de adhesión a la rebelión, ya que la presunta participación en asesinatos que se le imputa, la habría cometido nada más comenzar la guerra en 1936 con 16 años y por lo tanto era menor de edad. Como la mayoría de edad no se obtenía hasta los 23 años ( 21 años con una reforma de posguerra) y Marcos Ana tenía 19 años cuando termina la guerra, resulta insostenible la aplicación de un delito continuado de adhesión a la rebelión hasta el año 1943 que es justamente cuando cumple la mayoría de edad, todo esto para infringirle la mayor sanción posible.No sé si me explico. En ningún momento se le condena por asesinato, condena que hubiera sido mucho menor al ser menor de edad cuando presuntamente se cometieron esos crímenes, sino por adhesión a la rebelión con un delito continuado hasta el año 1943,cuando cumple la mayoría de edad.

    2- En la justicia franquista de posguerra se invertía la carga de la prueba, el onus probandi, ante cualquier acusación había que demostrar la inocencia, no la culpabilidad. Cualquier de estos juicios celebrado hoy sería totalmente nulo.

    3- Se echa de menos que se le pregunte más por esta cuestión a Marcos Ana, cosa que favorece la expansión de la rumorología y las insidias. Por ejemplo, ¿ Conocía Marcos Ana a los asesinados? ¿ Participó en las detenciones de estos como aseguran ? ¿ A qué atribuye estas acusaciones de estos vecinos? ¿ Ha vuelto por Alcalá de Henares? ¿ Qué relación tiene con este municipio? ¿ Vive todavía su hermana allí? ¿ Qué piensa su hermana de todo esto? En un artículo leí que Marcos Ana había presentado un justificante de la Cruz Roja para demostrar que no estuvo en Alcalá de Henares durante alguno de esos crímenes, pero que no fue admitido ¿ Guardó ese documento? ¿ Qué más nos puede contar de esto? Dada la edad del poeta, trataría de preguntarle todas estas cuestiones y zanjar de forma rotunda las acusaciones.

    4 Atención, porque esto es IMPORTANTE, en la primera sentencia de 1943 donde se condena a muerte, conmutándosele posteriormente por otra de grado inferior de 30 años de prisión, se dice, que dada la minoría de edad del acusado cuando se cometen los principales crímenes de los que se le acusa, y dado que partiparon en ellos personas mayores y con pleno conocimiento, dice ” ES DE SUPONER” que estas personas mayores tuvieron una implicación o participación mucho mayor y relevante en los hechos, y entonces sirva esto de atenuante. ¿ Así que es de suponer que la participación de otras personas mayores ES DE SUPONER fue mayor en los hechos? ¿ Nos está diciendo el tribunal que no sabe realmente cual es la participación concreta de unos y otro y que se basa en meras suposiciones? Aquí queda patente la gran FARSA que eran estos tribunales.

    5. En las acusaciones de varios testigos, todos le sitúan en las detenciones,(tampoco se aclara en calidad de qué ni que grado de participación y responsabilidad tiene en ellas) pero ninguno ha sido testigo de que Marcos Ana asesinara a nadie. Es decir esa imagen que poco más o menos vende la Gaceta o Libertad Digital ( para el caso lo mismo) de Marcos Ana asestando tiros a inocentes vecinos es una absoluta patraña. Alcalá de Henares es un municipio bastante grande, actualmente de casi 200 mil habitantes, ¿ Un mocoso de 16 años, dentro de todas las milicias organizadas que controlaban el municipio, podía ser el responsable de las detenciones que se llevaban a cabo? Parece realmente increíble. Y la sentencia reconoce que no sabe siquiera el grado de participación de este pero aún así le condena.

    6- En los documentos que adjuntais, en la segunda condena también en 1943 por un delito de seguridad contra el Estado ( escribir un periódico dentro de prisión)veo que se le condena a 30 años de prisión, no a pena de muerte,ni siquiera a pena de muerte conmutada como se dice. ¿ O me he saltado algo? ¿ O falta algún papel? ¿ Qué explicación tiene esto?

    Nada más, un cordial saludo y reiterar mi enhorabuena por el extraordinario trabajo. PD. Como decía sería muy interesante y urgente preguntar más sobre su etapa en Alcalá de Henares a Marcos Ana, con cuestiones como las que planteó,porque cualquier día ese libro se puede cerrar para siempre y sería una buena forma de acabar para siempre con todas las maledicencias.

  3. qué lindo poder recordar a este enorme republicano salamanquino.Ojalá que lo tengamos convida por mucho tiempo,y con la entereza y lucidez que se desprende del reportaje. a mi me tocó la suerte de poder abrazarlo dos veces en la vida.La primera cuando tenía 21 años y el 42.la segunda en nuestra histórica Federación de los gallegos de la calle Chacabuco 955,hará 3ó4 años en la celebración que conmemoramos todos los años para el dia de La República.en la primera fue en la facultad de medicina al quedar libre de prisión.Alli fuimos una buena cantidad de juventudes.Lo nuestro fue un pequeño grupo que andábamos con la cámara de16mm buscando historias de este tipo para un cortometraje ya que soñábamos con cambiar la historia emulando a los barbudos que ya habían bajado de Sierra Maestra.Tengo unas cuantas historias muy emotivas pero se me alarga el comentario. Ojalá pudiera nuestro presidente Paco Lores repetir la invitación,o lleguemos a hacerle un Homenaje a la distancia,en vida.Muchas gracias por el reportaje.Un abrazo. pepe.

  4. Con mucha emocion escuche y lei su relato y como dise un compañero BUENA VIDA,VENCEREMOS.

  5. Que vida ha llevado en la càrcel, hombre de admirar! muy bueno este artìculo, lo he leìdo con detenimiento, por mis ancestros españoles he sabido de los problemas de esas èpocas, lo salud y lo felicito,Dios le de mucha vida,.

  6. En la década del 60/70 por los distintos golpes de estado que se daban en Latinoamérica y por supuesto en Argentina,leíamos los poemas de Marcos Ana en libros que se editaban en la clandestinidad.Gracias Gladys por recordar a tan ilustre y combatiente poeta.-

  7. En la cárcel de Granada las primeras sacas entraban gritando los nombres, pero por ultimo entraban y donde a ellos les parecían señalaban y diciendo ¡de aquí palla hasta contar 20 o 30 o el numero que quisieran! ¡asín que cada uno con su manta no sabían donde ponerse si de los primeros, de los últimos o los del medio, cuando a algunos les llegaba la carta de libertad (los carceleros que todos eran mutilados de guerra) les exigian que se aprendieran el catecismo y pasaran por un examen,como muchos eran analfabetos se morían en la cárcel con la libertad en el bolsillo, mi padre paso el examen y lo pusieron en libertad a las cuatro de la mañana, contaba que fue cuando más miedo paso porque penso en que le hiban a aplicar la ley de fuga. Salud.

    1. Javier Rodríguez Godoy

      Gracias por tu comentario, Natividad. Hay casos difíciles de creer. Y los que están por salir a la luz: en el expediente de Marcos Ana del Archivo Histórico de Defensa hay una carpeta confidencial que no puede abrirse hasta que transcurran 25 años de la muerte del propietario.

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