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El ritmo en las entrevistas periodísticas

Javier Rodríguez Godoy entrevista a Joan Mele

Entrevista a Joan Melé.

Hace unos años creía que entrevistar quería decir preguntar. Pero no. Quiere decir algo más.

En el taller de géneros periodísticos de Pas9 me pusieron sobre el buen camino, al principio. Digo al principio porque el camino se recorre solo. Justin Webster, que trabajó aquel documental magnífico, I will be murdered, me dijo algo de cajón: que hay entrevistas para informarse y hay otras para construir.

Las entrevistas para informarse son investigaciones. Donde no llegan los documentos llegan las personas. Requieren cafés, voluntad, insistencia. Tiempo. La primera vez que lo hice sentó bien: a mí y a Miguel Noguera. A mí porque fui todo lo riguroso que me enseñaron. A Noguera porque me lo confesó:

—Llamé a Jordi Costa porque no te entendía.
—(Carcajada) ¿Sí? ¿Jordi Costa? Sí, mira, me veo desarmado ante esto” —bromeó, haciendo el gesto de coger un teléfono imaginario—. O sea que hiciste una entrevista para hacerme la entrevista.
—Algo así.
—Ah, muy bien, muy riguroso. Bueno, ¿y qué te dijo Jordi Costa?

Fue lo único que hice bien en aquel reportaje.

Las otras entrevistas, las que sirven para construir, son el resultado, lo que se va a publicar. Jordi Pérez Colomé me explicó, en ese mismo taller, que para entrevistar a los políticos hay que ir muy preparado, porque si no, te la cuelan. Pere Rusiñol, de Revista Mongolia y Alternativas Económicas, dijo que se vestía diferente según a quién entrevistara. Como sólo he entrevistado a un político en mi carrera, pensé que para entrevistar a “los otros” bastaría con preparar algunas preguntas, darles cierto orden y alternar camisas y camisetas.

Entonces también aprendí, a fuerza de hacerlo mal, que el cierto orden no es una voluntad de estilo, sino que tiene que ver con el ritmo. Para cuando entrevisté a Joan A. Melé eso ya lo sabía.

Procuré entrevistar a Melé visualizando el resultado final: mezclando periodos relajados con periodos de tensión. En un vídeo en el que no hay acción, solo palabras, me quedé pensando de qué modo seleccionar las preguntas y ordenarlas para conseguir ese ritmo. Aquel ejercicios tuvo más que ver con la composición de una canción que con una entrevista periodística.

Sobre el papel, el ritmo de las preguntas se aguantaba. Con Joan Melé no cuajó.

No fue por él ni por mí ni por la concepción de esas diez preguntas. Fue por el ruido de la calle. Cuando el entrevistado se emocionaba, se movía sobre el asiento, vivía todo aquello que decía, pensaba que era el momento anímico perfecto para soltar cierta pregunta. Era el momento. Estaba bien calculado. Pero no pude prever el ruido de las obras que llegaban de la calle. Entonces, Melé se interrumpe, le baja el ánimo a los pies, y responde, en la pregunta que más había imaginado los días previos, que sí. Solo eso: “sí”.

La respuesta no salió en el vídeo sobre Capitalismo, dinero y conciencia.

Mañana entrevisto al Rey Chatarrero. En la concepción de las preguntas he tenido en cuenta el ruido de la chatarrería y he querido imprimir un ritmo muy concreto a la entrevista. Un tono. No sé. También he ordenado las preguntas del modo en que creo que iremos profunfizando en su mundo interior.

Todo esto, lo sé, es imprevisible. Muchos silban cuando se enfrentan a lo desconocido. A mí me reconforta llevar una partitura en la mano.

Acerca de Javier Rodríguez Godoy (60 artículos)
Humanista y curioso. Puedes seguirlo en Twitter, Facebook y Google+

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