Dokushô Villalba

Una canción para Dokushô Villalba

In Blog by Javier Rodríguez Godoy0 Comments

Para mí es fundamental dar con la canción ideal en un reportaje. La canción para Marcos Ana la decidí en el momento de escucharla: Souliko, anónima. Era un prodigio de tema para lo que yo buscaba. La canción de Daniel Rojo fue más fácil, porque la que le quedaba mejor era también su favorita: Walk on the wilde side, de Lou Reed. Algo dicen de uno sus canciones preferidas.

¿Y para Dokushô Villalba, el primer monje budista zen de España? Dokushô escucha música muy variada: Mozart, jazz suave, flamenco: “yo he bebido el flamenco desde niño, en mi pueblo, en Utrera, que es cuna de grandes ‘cantaores’. Me fascina el flamenco”. Nada de eso encaja en nuestro reportaje.

Para esta historia, la música es tan importante como los silencios. Los instrumentos deben ser orientales. No sabíamos cuáles ni qué, de modo que hice una pequeña inmersión en la música tradicional japonesa. Fue gratificante y es posible que me interese algo más sobre la música en Japón.

Una hora después de sumergirme, más o menos, salí empapado de taikos (tambores) y shakuhachi (flauta) y en un estado de semitrascendencia. Mientras me secaba, descubrí al artista Horacio Curtis, quien me dejó usar una de sus interpretaciones para el vídeo.

Honshirabe.

Hon shirabe (“melodía fundamental”) es la pieza elegida para el reportaje. Según parece, se trata de una de las canciones esenciales para los estudiantes de shakukachi e históricamente la tocan los monjes zen japoneses.

Esa flauta y esa melodía tienen un no sé qué que no sé yo. Arranques, paradas, golpes, suavidades y silencios.

Tras intentar componer cuatro reportajes de periodismo narrativo, empiezo a creer que los trabajos que escribimos son un ejercicio de ausencias, renuncias y silencios porque componemos eliminando.

Lo visible en nuestros reportajes es tan solo una apariencia. Me recuerda a una pared con fotos donde falta una: la mirada se posa en el hueco en blanco y me pregunto el porqué de esa ausencia. Ocurre también, me parece, cuando observas cómo meditan otros: interesan más por lo que callan porque me pregunto qué estará suciendo allí dentro.

Gracias, Horacio.

Honshirabe suena así:

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