Un celíaco no ha matado a su mujer

La compañía de teatro Brots está formada por actores con trastorno mental. Los medios y las películas aumentan el estigma que sufren los enfermos mentales. Estos actores se quitan la máscara en la ficción, en lugar de ponérsela, y es el único espacio libre del estigma que sufren en la realidad. El teatro eleva su identidad sobre su diagnóstico. Solo sobre el escenario pueden decir quiénes son sin que nadie huya. Cuando termina la función, el público aplaude la valentía y ellos se convierten en personajes de nuevo.

Una mañana de verano de 1997 en Mallorca, Angie Rosales (51 años) pasó un casting para recibir formación como payasa de hospital. Aquella interpretación le permitió actuar en el hospital Son Dureta, aprender el oficio y cambiarle la vida a ella y a medio millón de enfermos futuros. Llegó a casa por la tarde y lloró durante horas con las imágenes calientes de los niños ingresados y el pitido de las máquinas de su primera UCI. Cuando terminó su formación, meses después, Angie pensó que nada le daba más sentido a su vocación teatral que actuar para enfermos. También se preguntó cómo el humor y la muerte convivían en un mismo espacio. Angie es una mujer enérgica, risueña y vidriosa que contesta a las preguntas con la mirada atónita de los niños. Conserva el recuerdo atravesado de su etapa como payasa, desde 1997 a 2006. Evoca los pormenores del quirófano mezclados con los recuerdos de su infancia: el mar canario de su madre, la muñeca nadadora que le regaló su padre y las lecciones vitales de sus actuaciones en hospitales que revive para enriquecerse. Recuerda cómo ingresaron a una niña entera con meningitis y cómo sus padres agradecieron a Angie sus actuaciones cuando salieron del hospital con su hija desmembrada.

Angie Rosales
Angie Rosales

Después de su etapa en Mallorca, Angie fundó Pallapupas el año 2000 en Barcelona para que el teatro fuera útil fuera de los escenarios. Pallapupas es una organización de payasos de hospital. Hace unos años, también agruparon proyectos de teatro social. Actúan para niños, adultos y ancianos en once hospitales y dos residencias.

Con teatro social dirigieron las compañías Vínculos (familiares de enfermos mentales), Personalitats (adolescentes con trastorno) y Brots (personas con alguna enfermedad mental). Veinte años después de aquel casting, Angie ha creado en Pallapupas un equipo de actores, gestores y voluntarios. Forman a médicos con la asignatura Nuevas herramientas para el mundo hospitalario de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, y también formaron enfermeras, con el módulo El entorno humano y terapéutico en la atención de enfermería en la Universidad Ramón Llull.

Angie trató de trabajar con payasos en enfermos mentales. No funcionó. Se golpearon contra la realidad de la salud mental hasta que lograron la técnica adecuada: el Teatro del Oprimido. En 2008, Pallapupas creó Vínculos. En 2011, creó Brots. En 2020, Pallapupas cerró el programa de salud mental:

— Es una problemática tan profunda que [la salud mental] necesitaba una entidad única. No podía convivir con la misión «payasos de hospital», aunque se unían muchísimo. La salud mental necesita una lucha concreta — dice Angie Rosales.

Desde entonces, la compañía Brots da la batalla desde la entidad Utopía, dirigida por Antonio Masegosa, después de haber pasado 9 años integrados en Pallapupas.


«Atletas de las emociones
«

Una persona sufre un brote, se descoloca, aturde a los familiares, buscan respuestas en un hospital. Es difícil llegar al diagnóstico y, mientras llega, el paciente sufre un problema de identidad. No sabe quién es ni qué le pasa. Un brote puede ser una voz. Te llaman en tu casa por tu nombre, contestas, esperas, rebuscas en las habitaciones, abres y cierras puertas, apagas la tele, sí, debe haber sido la tele, te asomas a la ventana, revisas el teléfono móvil, te sientas, te levantas, te miras al espejo, te palpas, sospechas que no hay nadie y que la voz estaba en tu cabeza. “Puedes escuchar alguna voz o comportarte de manera extraña y te deja tan descolocado como a tu familia”, explica Angie Rosales. La secuencia de sucesos, desde un brote hasta el diagnóstico, no es nítida. Primero el ingreso. Después unas semanas para digerir la medicación y luego, con suerte, un alivio: el diagnóstico. Por último, te reincorporas a tu vida como puedes. Los actores de Brots llegaron a la compañía porque se toparon con Pallapupas en los hospitales, después de un brote.

Sí, mi primer diagnóstico llegó a los 13 años. Tengo 43. Fueron años de desconcierto, sufrimiento y vergüenza, mucho autoestigma y estigma social y, por supuesto, sobremedicación desde que puedo recordar.

Mónica Civill, actriz de la compañía Brots. En Utopía Barcelona.

Pallapupas también actuaba en el ingreso de personas con enfermedad mental, en el Hospital de Día. Crearon el proyecto Compañías (también en el sentido de acompañar) para los que recibían el alta. Carme Vilar Guerrero, actriz, actúa en Hospitales de Día para jóvenes con trastorno. Carme habla con exactitud y con un ritmo lento. La mañana de un martes de mayo de hace unos años, Carme actuó para dos grupos en Ítaka junto a su compañera Irma: uno de chicas con anorexia y otro en la Unidad de Agudos. Carme se dedica al teatro desde hace treinta años. Dirigió las compañías Vínculos (formada por familiares de personas con alguna enfermedad mental) y Personalitats (formada por adolescentes, también con algún trastorno). Ítaka es el centro de psiquiatría infanto-juvenil del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona. Los médicos y enfermeras de Ítaka se visten con batas alegres. Van a juego con los pasillos y las habitaciones. Parece un colegio: hay paredes de colores donde sonríen algunos peces junto a las huellas coralinas de unos perros invisibles sobre el suelo. “Cada año hay más ingresos”, dice el psiquiatra en Ítaka.

Para Bernardo Sánchez, coordinador de Hospitalización y Urgencias de Psiquiatría de Sant Joan de Déu, es vital para el tratamiento que los niños jueguen, convivan y ejerciten su abstracción con Pallapupas. En la Unidad de Agudos, la enfermera informaba a Carme antes de su actuación:

— Julia, 14 años, ideación de la muerte. Rick está en el cole y no viene. Juan, 15 años, desinhibición derivada de una encefalitis, síndrome de Klüver-Bucy. Menos mal que tiene buen fondo — dijo sonriendo. Juan grita, habla de sexo, expresa groserías, nadie se ofende, todos lo normalizan.

Durante aquella hora de sesión, los niños se colocan en círculo en una estancia que no se diferencia en nada de un aula de colegio, salvo que están en la unidad psiquiátrica del hospital. Los niños se pasan una pelota mientras cuentan hasta diez. La pelota “explota” cuando la coge Julia. 

—Julia, te toca expresar dónde te gustaría estar, pero sin decir nada —dice Carme Vilar Guerrero. 

—Me llamo Claire —dice Julia. 

—Vale, Claire —dice Carme. Claire gestualiza y mira alrededor, pero al final se rinde y se explica: 

—Quiero estar con mi padre, pero no me quiero morir: quiero estar con él. 

Claire expresa el duelo en el momento en que Andrea, otra niña apartada del círculo, arranca a cantar. Canta bien. Canta una canción alegre con un tono triste. Canta mientras se remanga la sudadera negra sin voluntad, nerviosa, casi agitada, y deja a la vista el antebrazo con un racimo de cortes del color de la madera mojada. Carme no se sorprende ni hace una mueca, pero después de la sesión y de informar al psiquiatra cita una frase de la actriz Blanca Portillo mientras bebemos una taza de café. 

—Los actores somos atletas de las emociones —dice Carme.

Enfermos, asesinos y celíacos

Compañía de teatro Brots
Compañía de teatro Brots

La prensa y el cine confunden a las personas con un trastorno mental con psicópatas. Muerta de risa, Eugenia, una actriz de Brots imaginaba durante un ensayo: “¿A que no dicen que un celíaco ha matado a su mujer?”. Para el doctor Fernando Boatas Enjuanes, psiquiatra coordinador del Hospital Psiquiátrico de Día de Martorell (Barcelona), la comparación con la celiaquía muestra la dimensión de la injusticia sobre los enfermos mentales. Para Eugenia, la comparación muestra el absurdo doloroso en el que viven. Un titular de algo que no ocurre, aunque pudiera ocurrir. Para Boatas, la prensa difunde la idea de que los enfermos mentales son peligrosos. Los celíacos también podrían serlo según la actriz de Brots.

“No debe usarse el diagnóstico psiquiátrico para definir a una persona que protagonice un hecho negativo”, dice el Dr. Boatas. “Va siendo hora de asociar el éxito a personas con enfermedades mentales, como por ejemplo que uno de ellos gane el Premio Nacional de Poesía”. Desde el punto de vista psiquiátrico, un diagnóstico no es una condena hacia el fracaso personal, la degradación o la violencia, sino un hecho cotidiano, como el resto de enfermedades.

De acuerdo con la OMS (Organización Mundial de la Salud), una de cada cuatro personas desarrollará a lo largo de su vida algún tipo de trastorno mental. En cambio, se destina a la salud mental menos del 7% de los presupuestos de salud de los estados, según el último Informe Especial de Dainius Püras, relator especial de la ONU (Organización de Naciones Unidas): menos de 2€ por año y persona en los países más pobres. En marzo de 2017, Püras reconoció el trabajo de la sociedad civil, donde encaja la compañía de teatro Brots, señalando deficiencias de los servicios tradicionales y garantizando los derechos de las personas con trastorno. Sin embargo, la World Psychiatric Association (WPA) y la World Medical Association (WMA) enviaron una carta al relator D. Püras en agosto de 2020 donde lamentan que no hayan contado con ellos en la elaboración de su último informe. Las dos asociaciones representan a más de 225.000 psiquiatras. En su último informe sobre el «derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental» de julio de 2020, Dainius Pūras subraya las consecuencias derivadas de la pandemia:

El Relator Especial ha manifestado recientemente su preocupación por el futuro aumento de los problemas de salud mental a raíz de la COVID-19. Además, prevé que la angustia se prolongará, alimentada por el riesgo directo de propagación de la enfermedad, las exigencias de distanciamiento y aislamiento, la recesión económica y el desempleo, todo ello agravado por ataques m

Desdiagnosticar

Compañía de teatro Brots

Los miembros de Brots con trastorno mental encuentran alivio en el teatro. Es la única vía de comunicación entre ellos y el resto de la sociedad fuera de los hospitales.

Antonio Masegosa representó de niño su primera obra de teatro en un corral, del que sacó cajas, gallinas y aperos para meter a las vecinas de Castillejar, un pueblo de Granada. Tiene la mirada misteriosa de los árabes del desierto y una barba de beduino que no oculta los rasgos de un hombre feliz. Antonio viste una camiseta verde, ancha y despreocupada durante un ensayo. Suele soñar que vuela.

—Brots es otro sueño — dice. Antonio dirige a los actores de Brots, que ensayan cada jueves durante dos horas.

—Trabajamos con salud mental, con experiencias propias y abres puertas que no sabes dónde te llevarán — dice Mónica Civill, actriz de Brots.

Antonio Masegosa
Antonio Masegosa, director de la compañía Brots

Mónica ve riesgos en cualquier ensayo. Es un reto que aceptan todos los miembros de Brots. También su compañera Raquel. En el otoño de 2007, su psiquiatra diagnosticó a Raquel (33 años) depresión severa y trastorno de la personalidad tipo mixto. “Viene a ser depresión crónica y ansiedad”, dice. El diagnóstico le alivió porque encontró respuestas a su sufrimiento. Pero ante los suyos y para siempre fuera del escenario se convirtió en el personaje de una mujer trastornada. Solo se representa a sí misma cuando actúa, cuando el público la acepta.

Los actores de Brots conectan con sus propias historias, crean una obra para expresarlas y las técnicas del Teatro del Oprimido se lo facilita. El teatro es el único diálogo entre ellos y la sociedad, pero también el único modo de separar su identidad de su diagnóstico. En la ficción eliminan la máscara que el estigma les impone.

—Aquí tratábamos de desdiagnosticar — dice Angie Rosales.

A Augusto Boal, creador del Teatro del Oprimido, se le atribuye una frase célebre: “el teatro lo puede hacer cualquiera, incluso los actores”. Antonio Masegosa explica que el Teatro del Oprimido es una técnica que creó Boal en Brasil en los sesenta. Antonio aplica la técnica durante los ensayos con Brots. “Siempre colocamos la vivencia de la persona delante de su diagnóstico”, dice Antonio. “No tiene por qué ser hablada: lo hacemos desde la imagen, el sonido, el ritmo. Luego lo convertimos en metáfora de la realidad”.

Antonio llega al ensayo, ve cómo están los actores y decide cómo enfocar las siguientes tres horas con su experiencia y sobre los bloques del Teatro del Oprimido. Utiliza teatro-imagen, donde el cuerpo es el lenguaje común para expresar problemas. Teatro-foro, con el que se traslada al público el problema del colectivo, por ejemplo, el estigma. Teatro-invisible, desde el que emergen conflictos normalizados. O utiliza el arcoíris del deseo y el concepto de “policía en la cabeza”, que desenmascara opresiones, miedos.

Vínculos y etiquetas

Lola, Asociació d'Amics de Malalts Mentales
Lola, de la Asociació d’Amics de Malalts Mentales

Brots se creó para sacar las historias de los hospitales y representarlas. Vínculos, formada por familiares de enfermos mentales y dirigida por un actor de Pallapupas, se creó para llevar alegría a la asociación AMMAME (Amigos de Enfermos Mentales, por sus siglas en catalán) de Santa Coloma de Gramanet.

Lola es miembro de AMMAME. Es una mujer jubilada, con la piel tersa y el pelo corto de seda blanca. Su madre murió de Alzheimer. Su hermana también. Es capaz de expresar dos emociones contrarias al mismo tiempo:

—Para mí el teatro es como los juegos que no tuve de pequeña — dice.

En AMMAME se cuentan las historias mudas de los padres descolocados, el desconsuelo de un hijo con ausencias y las miserias sin esperanza de un familiar de un esquizofrénico. Vínculos ensaya una hora y media a la semana: juegan, repasan la obra, olvidan sus vidas lo suficiente para recuperar el aliento. Lola desmenuza la situación de los enfermos:

—Son personas maravillosas que luchan por sobrevivir. El esfuerzo que hacen para levantarse es diez veces mayor que el nuestro. Y encima tienen que luchar contra el estigma porque la gente no los acepta.

Compañía de teatro Brots
Compañía de teatro Brots

Tanto Brots como Vínculos cuentan historias reales en la ficción del teatro y utilizan el Teatro del Oprimido para confeccionarlas. En 2017, Brots representó la obra Sopars d’Etiqueta (Cenas de Etiqueta). Con la obra anterior, Ella, Brots ganó el premio de Artes Escénicas y Salud Mental José Clusa en 2015, por su trayectoria teatral, y el premio Lucha Contra el Estigma de la asociación Obertament en 2014. Representaron Ella alrededor de Cataluña, Euskadi y hasta viajaron a Croacia para contar sus historias. Ella fue una obra de teatro-foro donde se trasladaba al público la solución al conflicto que sufren las personas con trastorno mental. En cambio, Sopars d’Etiqueta tenía una estructura formal ejecutada en un espacio informal: una habitación del piso de la sede de Pallapupas.

El pequeño piso, integrado en un edificio anodino a una manzana de la Plaza España de Barcelona, se abre a cuatro espacios desde el zaguán. La noche de 2017 en que Brots representa Sopars d’Etiqueta se utilizan dos. La sala de reuniones, con recortes de prensa sobre Pallapupas colgados en las paredes, es un camerino. El olor a laca y los nervios crean una bruma que da un aspecto irreal a los actores antes de la función. En el lado opuesto del zaguán, la habitación rectangular y vacía en la que Brots ensayaba antes de integrarse en Utopía, es un cabaret. Dentro, recorre el suelo una alfombra roja de festival de cine desde la puerta hasta el pequeño escenario levantado contra la ventana. Junto a las paredes hay treinta sillas y quince mesitas redondas de cafetería sobre las que cuelgan lámparas rojas de luz tibia con ribetes de filamentos de oro. Una mujer lloró bajo una de las bombillas emocionada con la última escena: Raquel, sincronizada con la música de violines y piano, vestió a esa mujer con la chaqueta que lleva la etiqueta de un trastorno: autismo. El público sientó cómo una antigua prostituta reclamaba bajo un dosel opresor el tiempo que perdió equilibrando su cabeza mientras se le pasaba la maternidad. El público sufrió cuando a una mujer con esquizofrenia le rechazaba su pareja por confesarle su enfermedad. El público se río y se lamentó y se culpó por la crueldad de no escuchar en la calle lo que está dispuesta a sentir en el teatro.

—El teatro es como sacar nudos. Quizás por eso algunos miembros de la compañía no han vuelto a tener un brote — dice Angie Rosales.

Para el Dr. Boatas Enjuanes, el teatro permite entender emociones, las propias y las ajenas, facilita el desahogo y conecta con bloqueos y confusiones. El teatro permite “expresar emociones, trabajarlas, resolverlas. Además, ayuda a crear vínculos y facilita la sociabilidad”, dice el Dr. Boatas.

Y se hizo la luz.

Unas horas después de representar Sopars d’Etiqueta, con la bruma de la laca todavía dispersa por el piso, una de las bombillas sobre las mesitas relampaguea y emite un zumbido eléctrico. “Aquí la realidad parpadea”, se oye. Eugènia, actriz de Brots diagnosticada con esquizofrenia, enrosca la bombilla y el espacio se ilumina con un ámbito propio, con un tiempo distinto. Se representaron a sí mismos en un ambiente onírico. Solo entonces recuerdo lo que Raquel contó acerca de sus noches:

— Mis sueños son muy reales.

Javier Rodríguez Godoy
Acerca de Javier Rodríguez Godoy (67 artículos)
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